Historia del Taller de Guitarra: Andrés ‘Peluki’

¡Hola a tod@s!

Hoy os traemos un verdadero regalo. Andrés Gómez, más conocido como Peluki, es un ejemplo de vida scout, cristiana y humana. Yo, personalmente, le tengo mucho cariño y estima. Si con algo le identifico en mi memoria, es en relación con la etapa de ruta, una guitarra y su sobrecogedora voz.

Hace unas semanas le pasé un documento con unas preguntas, para una entrevista sobre el taller de guitarra… el resultado ha terminado siendo mucho más que eso. Esta magia es la que os dejo leer, sin más dilación: os recomiendo poneros una canción tranquila de fondo, respirar y entonces comenzar. Las fotos que veréis son de eventos de los que él formó parte.


  1. Introducción personal: ¿desde cuándo eres scout? ¿Qué etapas has vivido? ¿Con cuál te quedas? ¿Qué vinculación tienes actualmente con el grupo o los scouts?

Entré en el Grupo a los 14 años. Entré directamente en Pioneros, en la unidad Kimberley; luego fui un año ruta y después 3 años scouter.

Lo dejé un tiempo porque no tenía claro que quisiera ser scouter. Pensé que no había terminado bien mi etapa ruta y busqué otras realidades humanas donde poder servir a la sociedad. Junto con otros antiguos rutas, un seminarista y varios jóvenes creamos el Programa de Infancia de Cáritas Diocesana. Tras varios años de mucho trabajo y de ver realidades muy duras en la infancia de Albacete me reincorporé otra vez al Grupo Calasanz, sin dejar nunca Cáritas.

Me reincorporé en el año 1996 como scouter de rutas. ¿Por qué? Pues porque había descubierto tres cosas fundamentales trabando con la infancia en Cáritas:

  • Que a Dios se le ve cara a cara en los más desfavorecidos. Que el encuentro fundamental con Jesús se produce acompañando al que sufre.
  • Que la vocación del escultismo es educar jóvenes para que estos mejoren el mundo con sus propias vocaciones. Ya lo dijo Baden Powell: “Tratar de dejar el mundo un poco mejor de como lo encontrasteis”
  • Que la etapa ruta es fundamental para culminar con éxito el punto anterior. Es necesario ayudar a los rutas a descubrir las diversas realidades humanas y ambientales, y a que descubran sus propias vocaciones en beneficio propio y de la humanidad

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En 2004 tuve que asumir la jefatura de grupo a mitad de la Ronda Solar, y quedé de jefe hasta acabar el campamento de 2006. Fueron años muy intensos, duplicamos el número de miembros, hicimos la Convención 2006 y tuvimos que reabrir las listas de espera. Además iniciamos muchos proyectos educativos muy bonitos. Algunos aún duran. Y todo ese tiempo sin dejar de ser animador de ruta. Finalmente dejé el Grupo en 2009 al afrontar nuevos retos personales en el escultismo y en Cáritas.

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Además, en 2001 me incorporé a la Delegación Diocesana de Escultismo de Albacete, donde pusimos en marcha muchos proyectos: Encuentro de Guadalupe, Manchuela 2004, encuentros de Warhamer, retomamos los San Jorges, etc… Me incorporé también allá por el 2004 en la escuela de Formación de la Federación de Scouts de Castilla La Mancha, que apenas existía como algo virtual.

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En 2013, la cuadrilla ruta que se había formado desde el Grupo Calasanz me pidieron colaborar con ellos en calidad de animador. A partir de ahí acepté el reto de formar la Agrupación Ruta de Albacete. Y en eso sigo. Despacito, poco a poco, pero con mucha ilusión. Los grandes proyectos se hacen poco a poco.

La etapa que más me ha gustado y la que más he disfrutado es la de animador ruta. He aprendido mucho y sigo aprendiendo. Para mí es una etapa gratificante porque ves los últimos resultados de todo el trabajo realizado durante años con las personas. Con ellos he aprendido que el escultismo tiene infinitas formas de manifestarse, y que cada uno tiene que decidir al final cómo llevar el escultismo a su vida y a la realidad que le rodea. He aprendido el potencial del escultismo para transformar la sociedad, porque cada ruta es capaz de cambiar mucho de lo que le rodea. Pero claro, para eso hay que confiar en los rutas y dejarles tomar la iniciativa.

Actualmente, con la Agrupación Ruta, todavía veo más grande la potencia del escultismo. La nueva metodología es alucinante, y estoy viendo desbordadas todas mis expectativas respecto a los rutas. Es un proyecto fundamental si queremos un escultismo actual y con presencia en la sociedad. También lo veo como la gran oportunidad para que el escultismo católico se lance para llegar a todos los sectores de la sociedad y ser realmente una gran alternativa educativa para la mayor parte de la infancia y los jóvenes.

2. Tú y la guitarra, la música: ¿por qué aprendiste a tocar? ¿Qué es lo que más te gusta de este instrumento? ¿Por qué lo ves importante en los scouts y en el desarrollo de las personas? ¿Un recuerdo con una guitarra? ¿Cuál crees que es el papel, la importancia de la música en el escultismo?

Bueno. Yo nunca he sido muy hábil con ningún instrumento, tampoco con la guitarra. Pero siempre me motivó que la música es capaz de crear sentimientos y expresar ideas profundas, así como de conseguir momentos y entornos que facilitan la comunicación y la interiorización.

Aprendí de forma rudimentaria (no me considero un buen guitarrista, no sé tocar una canción si no tengo las notas delante, y tampoco sé afinar una guitarra) porque, siendo pionero, en mi unidad y en mi grupo cristiano no había gente suficiente que supiese tocarla bien. Y creí que podía dar ese servicio si me esforzaba.

Y así fue. Tras varios meses de mucho esfuerzo, y de forma totalmente autodidacta, ya podía tocar casi todas las canciones que conocía y que se cantaban en los scouts y los grupos cristianos.

Lo que más me gusta de la guitarra es su versatilidad, lo fácil que es aprender a tocarla y el ambiente que se crea en un grupo cuando alguien la toca. Hace que todo el mundo se sienta integrado y partícipe de los mejores momentos del grupo.

En los scouts es importante porque la música puede y debe estar en muchos de los momentos más importantes de la vida de un grupo. Y además, todos nos acordamos de los momentos más importantes y de las cosas que hemos aprendido gracias a las canciones que estábamos cantando en esos momentos.

La música, además, está demostrado que es importante en la vida de cualquier persona desde antes de nacer. Ayuda a estructurar el pensamiento y a mejorar la movilidad.

Para los scouts es importante que haya música en sus actividades, sobre todo en sus veladas y sus ceremoniales. Pero también andando por el monte. Es lo que he dicho, que ayuda a divertirse, a profundizar, a fijar lo aprendido.

En cuanto a los recuerdos con la guitarra, tengo muchos. Prácticamente todos muy buenos… ceremoniales, veladas, celebraciones, en los laudes de la mañana…. pero sobre todo una vez, cantando “El Valle del Río Rojo” para despedir a un compañero scout.

3. ¿Por qué se empezó el taller en un principio? ¿Cómo nació? ¿Qué etapas ha ido teniendo?

En nuestro Grupo Scout siempre ha habido una gran tradición musical, con muchas veladas y con muchos ratos libres tocando y cantando alrededor de un lumogas o de una fogata (cuando se podía). De hecho, a finales de los ochenta y principios de los noventa ya habían existido talleres de guitarra, y creo que antes también.

Hacia el 1998 se habían perdido muchas canciones. Entonces, los rutas nos propusimos recuperar muchas canciones y danzas que se habían cantado en el grupo años atrás. Por eso hicimos el cancionero y grabamos tanto las canciones como las danzas (hicimos varios vídeos muy graciosos allá por el 2004).

En ese 2004 quedaba muy poca gente en el grupo que tocase la guitarra y entonces planteamos hacer el taller. En principio tuvo muchos altibajos y apenas había gente. Nos habíamos olvidado de muchas canciones de las que se habían cantado años antes. Lo comenzamos con algunos scouters (Julio, Alberto, Ángela…) que enseñaban a pioneros y rutas, pero enseguida se apuntaron troperos y lobatos.

Algunos años desapareció, pero volvía al año siguiente. Yo a partir del 2009 ya no puedo hablar porque ya no estaba en el grupo, pero creo que el momento más importante fue cuando el peso más fuerte del taller empezó a pasar a manos de los propios rutas y pioneros que habían aprendido y que se responsabilizaron de enseñar a otros más pequeños. Esto enlazaba con la idea de Baden Powell según la cual los “hermanos mayores enseñan a los hermanos pequeños”.

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4. ¿Qué te parece que 45 lobatos y troperos estén ahora aprendiendo en el taller, con unos 10 profesores, sobre todo rutas y pioneros, enseñando? ¿Qué mensajes les mandas?

Pues me parece genial. Y, abundando en lo que he dicho antes, creo que es la mejor manera de enseñar y aprender. Creo que no hemos inventado nada, pero sin saberlo están haciendo escultismo tal y como lo pensó nuestro fundador.

En cuanto al mensaje, pues me gustaría darles ánimo. Pero no creo que lo necesiten, si están siendo capaces de hacer todo esto, creo que son capaces de lo que se propongan.

5. Hemos introducido algunas canciones no scouts al cancionero, como las dos principales de la película Brave, o “Somos Clan” de El Rey León 2. ¿Qué canción no scout consideras que habla de mismos valores, y podría estar en el cancionero?

No conozco esas que decís, pero supongo que estarán bien elegidas.

En cuanto a cual introduciría yo… pues no sé muy bien cuál elegir. Hay muchas muy conocidas que hablan del trabajo, del servicio, de la amistad, de la naturaleza, de la amistad, de buscar elevados ideales… y sobre todo debería ser alguna que fuese relativamente actual para que a la gente le llame la atención.

Yo estoy poco puesto en las canciones más escuchadas hoy día, y soy mucho de cantautores. Ya empiezo a ser un carroza para estos temas (je je). A mí me inspiran mucho algunas de Pedro Guerra, Silvio Rodríguez o incluso Víctor Jara o Labordeta, pero vamos, están muy pasados de moda.

6. Para terminar, lista de canciones favoritas scouts: una de ceremoniales, una tranquila… ¿Cuál es tu canción scout favorita, y por qué? ¿Algunas palabras de despedida?

Bueno, esto es más fácil.

  • De ceremoniales el antiguo himno scout de ASDE, y para un momento del día la de buenas noches, me encanta, es una oración que me llega.
  • Una tranquila la de “luna del sur” y “desde la noche”
  • Mi canción scout preferida es la “Canción del Clan”. Han sido muchos años cantándola con muchas generaciones de rutas. Incluso a veces la cantábamos al llegar andando al campamento, agotados tras muchos días de marcha. Es una canción muy alegre y que habla de todo aquello que sentimos los que somos scouts y que nunca nos hemos olvidado de nuestra promesa, que es para siempre.

Y qué decir de despedida… pues que cuando empezamos esto no pensábamos que seguiría 10 años después y con tanta fuerza. Que nosotros pusimos la semilla pero que está claro que el trabajo ha sido de otros muchos que han estado ahí semana a semana y año a año. Gracias a todos esos que supieron recoger un testigo y llevarlo con éxito hasta el siguiente relevo. El escultismo es el producto de un trabajo en equipo, aunque a veces no conozcas a todos lo que han hecho ese equipo.

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Gracias, Peluki, por darte a nosotros de esta manera. Te doy las gracias en nombre de todos cuyas vidas has tocado.

¿Qué os ha parecido a vosotros? Nos gustaría conocer vuestras impresiones en nuestras redes sociales: en la página de Facebook y con el hashtag de twitter #calasanzAB. Compartid con nosotros qué pensáis de esta y otras entrevistas. Además, os preguntamos: ¿tocas la guitarra?, ¿cuál es tu canción scout favorita y por qué? ¿Tienes alguna anécdota o recuerdo alrededor de una guitarra?

Entrevista de servicio: Ana de Toro

¡Hola a tod@s!

Hace unas semanas publicamos las entrevistas de Marillanos y Patri Pardo. ¿Os apetece leer a otra ruta contándonos su experiencia de servicio en un voluntariado? ¡Allá vamos!

Hoy tengo el privilegio de presentar a Ana de Toro, ruta de 1º del Clan Egeo . Se nota que Ana, así como otros de su generación, han esperado un año más para pasar a la Ruta, y que una vez dentro han aprovechado bien el tiempo: en cuanto tuvo oportunidad, escogió un ámbito social y ha estado trabajando en él gran parte del año. Os dejo con una gran entrevista.

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Primero de todo, nos gustaría conocerte: ¿cuántos años tienes?, ¿a qué te dedicas (estudio, trabajo)?, ¿cuántos años llevas en los scouts y cuál ha sido tu trayectoria?

Me llamo Ana de Toro, tengo 17 años y soy estudiante de 2° de bachillerato en la Escuela de Arte de Albacete.

Llevo con este ya 7 años en el grupo: entré en la tropa Mafeking, pasé a la unidad Brownsea y ahora estoy en la comunidad ruta Polaris. Además, empecé en el taller de guitarra como alumna en primero de pionero, y en segundo de esta rama lo comencé como profe.

Con respecto a las ramas, creo que cada etapa tiene sus cosas buenas, que todas, aunque eches de menos las anteriores, te aportan algo súper valioso. No podría nunca elegir tan solo una de ellas, porque actualmente soy una suma de todas.

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Ana y Carmen, rutas

1. Estupendo. Vamos al tema: ¿cuál es tu proyecto de servicio? ¿en qué consiste? Cuéntanos un poco del sitio donde estás actuando, y qué labor haces tú.

Pues este año he iniciado un proyecto de servicio diferente al que realizaba el año pasado, pero continúo en el ámbito de la infancia.

El año anterior, durante 2015, desde enero hasta julio, estuve en el hospital, en la planta de pediatría con AECC, donde pasaba dos horas semanales jugando con los niños que ese día estuvieran ingresados; pues, dentro o fuera del hospital, siguen siendo niños.

Actualmente estoy en Cáritas, en el programa de infancia, particularmente en el barrio de Hermanos Falcó (las quinientas). Este año mi labor consiste en ser profesora de apoyo de un niño durante dos horas semanales, pues era en el ámbito donde más hacía falta, siendo también el que más me gusta. Creo que la educación desde pequeños es súper importante, en el aula y fuera de ella.

 

2. Qué interesante. Pero, ¿cómo se te ocurrió hacer este voluntariado? ¿Por qué has elegido este ámbito, y no otro? ¿Cómo conociste esta asociación? ¿Qué realidad social, qué necesidades presenta? ¿Por qué te llama la atención y te gusta?

El objetivo ruta, tal y como reza su lema, es SERVIR, así pues decidí volver a implicarme en un voluntariado.

Desde pionero ya habíamos colaborado alguna vez con Cáritas, y personalmente los niños me encantan; así pues, ¿por qué no juntarlo? Conocí esta parte de su labor en una charla informativa que nos dieron a la Comunidad en Camino con la Comunidad Semilla, y en enero comencé el voluntariado.

En mi parte de labor, colaboro en la necesidad escolar de niñ@s (en mi caso de primaria) en su mayoría en situaciones precarias; es decir, suelen tener una economía más bien baja, falta de recursos y ayudas, para lo que Cáritas predispone soluciones, como en este caso el apoyo escolar: colaboro en su necesidad escolar, apoyo con las materias, explicarles todo aquello que aún desconocen y ayudarles con los deberes y la tarea.

Y me llama la atención porque desde pequeña he ido al colegio de mi tía a ayudarla con los niños pequeños, siendo además en un barrio y ambiente muy similar al que ahora me encuentro. Me encanta la educación, y sin duda es mi segunda opción a la hora de escoger la carrera universitaria.

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Ana (abajo derecha) con parte de su comunidad ruta en el Foro Ruta 2015

3. Genial. Nos gustaría hablar un poco más a nivel persona, ¿te parece? Pues bien, ¿cómo te sentiste al comienzo de este proyecto? ¿Cómo te sientes ahora, qué te hace sentir, qué te mueve por dentro?

Pues, a decir verdad, el primer día estaba súper nerviosa, no sabía cómo enfrentarme a dar clase a un niño yo sola, pues no estoy estudiando magisterio ni nada por el estilo.

Pero ahora súper cómoda. Los niños nos tienen como un modelo de referencia más en su vida, pues son niños que en general tienen carencias familiares de algún tipo, y ver que tú vas a posta a ayudarlos, a pasar tiempo con ellos y a prestarles atención, eso lo valoran muchísimo.

Es algo súper gratificante, el ver que mi tiempo puede mejorar el futuro de esos niños.

4. ¿Qué te aporta? ¿Qué recibes de lo que allí das?

Me aporta energía y ganas de seguir cambiando el mundo, que es el fin último de todo scout: dejar el mundo mejor de como lo encontramos.

Creo que cada día aprendo yo más de los niños que ellos de lo que yo les explico: su inocencia, sus ganas de comerse el mundo con su alegría, su energía, sus sonrisas…

 

5. ¡Qué nivel! Te agradecemos muchísimo que nos hayas contado tantas cosas. ¿Quieres despedirte de alguna forma? ¿Unas últimas palabras para quien nos lee?

Me gustaría terminar diciendo que hacer un voluntariado, un servicio a los demás, es lo más bonito y gratificante que he hecho en mi vida. Es algo que todo el mundo debería hacer, hay miles de ámbitos y posibilidades distintas, no vale la excusa de que no hay nada para mí.  Es algo que no cambiaría por nada.

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Ana con su Comunidad Ruta en un Navalón 2015


Hasta aquí la entrevista con Ana. Ella está comprometida con el proyecto de apoyo escolar del Programa de Infancia de Cáritas. Hay otros ámbitos y servicios distintos dentro de Cáritas, y con suerte os presentaremos en un futuro la experiencia de alguien que esté o haya estado en ellos.

Buena caza y largas lunas.

Mónica y su viaje a Palestina

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para la intolerancia, los prejuicios y la estrechez de mente.” – Mark Twain

A los scouts nos gusta viajar. Y hoy vamos a intentar revivir un viaje increíble, un viaje de los de verdad, de esos que pasan a formar parte de uno, se incrustan en nuestros valores y no nos abandonan jamás. Un pisotón en la cara, un grito desgarrado. Una experiencia dura, pero a la vez hermosa, como subir una montaña. Y lo reviviremos con alguien muy especial.

La persona en cuestión probablemente no necesite presentación. De todas formas, nos vamos a dar el gusto de hacerlo:

Mónica Sirvent, tiene 21 años y es una persona muy, muy activa. Estudia arquitectura en Valencia, y ha sido scout en el grupo desde los 9 años, actualmente acabando su último año de ruta. Ya desde joven Mónica llamaba la atención en el grupo por su compromiso y su capacidad de entrega a los demás. Aprendió a tocar la guitarra en tropa cuando nadie en el grupo sabía, transmitió importantes valores y motivación a sus compañeros en pionero, y ha colaborado e impulsado muchos proyectos en su etapa ruta.

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A los 16 años, Mónica empezó de voluntaria en el programa de infancia de Cáritas. Allí estuvo un par de años hasta que se tuvo que ir a estudiar a Valencia,  donde ha tenido la oportunidad de participar en otro proyecto de servicio, Mambré, el programa de personas sin hogar de Cáritas, en el que está desde entonces.

El verano pasado vivió su primera experiencia de cooperación internacional en un campo de trabajo en Palestina, con Cáritas. El proyecto se lo propuso una antigua scouter del grupo, Llanos Sáez, -“a la que agradezco que me diera esta gran  oportunidad”- nos comenta.

Como no podíamos dejar pasar la oportunidad, decidimos entrevistarle. Sin más dilación, aquí está lo que le preguntamos… Y lo que nos respondió.


 

  1. ¿Nos puedes contar en qué consistía el viaje?

“El campo de trabajo consistía en la inmersión completa en la cultura palestina para conocer desde dentro la ocupación israelí que desde hace años está sufriendo el pueblo palestino.  Es decir, vivíamos con familias palestinas y durante el día realizábamos diferentes actividades con un grupo de jóvenes cristianos  palestinos de Beit Jala.”

 

  1. ¿Conocías algo del país y su situación previamente?

“Estudié algo sobre el conflicto árabe-israelí en bachiller y había escuchado lo poco que se decía en las noticias y que no siempre es objetivo, así que no, realmente no sabía prácticamente nada de la situación.

Antes de irnos a Palestina, tuvimos un encuentro de formación de un fin de semana donde nos explicaron muchas de las cosas que luego pudimos ver una vez allí.”

 

  1. ¿Qué expectativas tenías? ¿Qué esperabas encontrar?

“Sinceramente una de las cosas que esperaba encontrarme, es una situación de pobreza y para mi sorpresa cuando llegas allí te das cuenta de que no es realmente un problema económico, sino de presión por parte de Israel para echar de allí a los palestinos y quedarse con todo el territorio.

Además, es sorprendente que para la situación que están viviendo allí, parece que siempre están riendo, bailando, cantando y dando palmas. No se rinden, a pesar de toda la presión que está haciendo Israel y todas las injusticias, no se van de sus casas porque es su tierra y su hogar.”

 

  1. Para los que no conozcan el conflicto árabe-israelí, ¿podrías explicárnoslo?

“El conflicto árabe-israelí es un conflicto bastante complicado y que todavía a mí se me escapan muchas cosas que no entiendo. No soy una experta en el tema, ni historiadora, ni he estudiado ciencias políticas, pero intentaré resumirlo para que lo entendáis un poco.

La historia empieza muchos siglos atrás. Palestina prácticamente desde siempre ha estado ocupada por unos u otros; por el Imperio Otomano, Gran Bretaña y ahora Israel.

A finales del siglo XIX aparece un movimiento político que es el Sionismo. No es un movimiento religioso, utilizan la religión como medio y argumento para conseguir su objetivo, es decir, crear un Estado judío. Y entre varios de los territorios que podían utilizar para crear el Estado, eligen la tierra de Palestina por todo el contenido religioso, la tierra prometida para los judíos.

Así empezaron a llegar familias judías a Palestina. En ese momento, era Gran Bretaña la que tenía el mandato sobre la región de Palestina, que trató de hacer pactos con unos y con otros para repartirse el territorio palestino.

También se trató de hacer diferentes propuestas de partición entre judíos y palestinos, entre  ellas, la ONU emite una en 1947 en la que dividía Palestina en territorios palestinos e israelíes, con una zona neutra en la que se incluía Jerusalén, bajo administración internacional. Este reparto era claramente favorable para Israel, en el que se le da el 52% del territorio. En  1948 la ONU autoriza la constitución del Estado de Israel y Gran Bretaña deja el mandato sobre el territorio.

Los palestinos se oponen a esto y se dió lugar a un enfrentamiento en el que acabaron ganando los sionistas gracias a su fuerza militar. Fue en este año cuando se produce la Nakba (catástrofe, desastre), lo que es conocido también como el éxodo palestino, muchas familias tuvieron que huir de sus casas, convirtiéndose en refugiados; unos 700.000 refugiados y más de 400 aldeas destruidas.

Actualmente lo que es el territorio palestino se ha quedado en un terreno muy pequeño, una especie de archipiélago en Cisjordania y la franja de Gaza.

Y eso es lo que trata de hacer Israel; hace presión sobre los palestinos con medidas de restricción de la libertad de los palestinos para echarlos de allí y poder quedarse con todo el territorio.

Muchas de esas medidas de presión son las que nosotros vimos allí. Por ejemplo la construcción del muro, una barrera de separación que está construyendo el gobierno de Israel, cuyo argumento es que no pasen los terroristas palestinos a zona israelí, pero aprovechan la situación para ir cogiendo territorio palestino y quedárselo. Está programado construir unos 700km aproximadamente de longitud, llegando a alcanzar hasta 9 metros de altura en algunas partes.

Otras medidas son los checkpoints, una especie de puestos controlados por militares israelíes,  por los que tienes que pasar si quieres cruzar al otro lado del muro. Para poder cruzarlo necesitan un permiso aunque algunas veces no les dejan pasar aunque lo tengan.

Apropiación de territorios. El ejército israelí llega a una casa palestina y puede expulsarlas de allí para darle su casa a otra familia judía.

Control sobre los acuíferos y del agua  aunque estén en territorio palestino, asentamientos, detenciones, distinción de carreteras israelíes y palestinas, roadbloacks (son bloques que se utilizan para cortar carreteras y que no se pueda pasar por ellas)… son otras de las muchas formas que tiene Israel de presionar a Palestina.”

 

  1. ¿Podrías resumir las cosas que hicistéis una vez allí? Cuéntanos tu viaje.

“Estuvimos en Palestina 12 días. Los 8 jóvenes españoles entre 18 y 30 años que participábamos en el campo, estábamos viviendo con familias de Beit Jala. Yo estaba con Iván, otro chico español,  y vivíamos con la familia de dos jóvenes de la parroquia con la que realizábamos actividades, Jennifer y Khader.

Los días eran muy intensos, un no parar. Hacíamos tantas actividades diferentes en un mismo día, que había días que era muy difícil asimilarlo todo. Las actividades eran de todo tipo, encuentros con asociaciones, políticos, sacerdotes… hacíamos servicios como limpiar la parte católica de la Nativity, recoger basura en Cremisán… También visitamos algunas ciudades como Hebrón, Jerusalén, Ramallah, Taybeh y Jericó. Estuvimos en un concierto de cultura palestina donde cantaban y bailaban música palestina (una auténtica pasada para quien disfruta la música), jugamos un partido de fútbol con la selección femenina de fútbol palestina, visitamos un campo de refugiados, hicimos alguna marcha (una de ellas fue para subir a un monasterio en Jericó; hacía mucho calor pero era un sitio mágico)… Escuchamos testimonios de familias palestinas, historias que te ponían la piel de gallina.

Una de mis actividades favoritas por todo lo que significaba y que yo más disfruté con diferencia fue pintar un mensaje en el muro, como símbolo de protesta contra la ocupación.

Como veis, las actividades eran muy variadas. Teníamos un programa muy completo y todo con un fin, conocer la situación allí.

Me sorprendió  la cantidad de scouts que hay en Palestina. De hecho varios de los que estaban en nuestro grupo eran de un grupo scout católico y tuve la  gran suerte de que dos de ellos me llevaron a ver el campamento de otro grupo scout ortodoxo. Me emocionó mucho que tuvieran ese detalle conmigo por ser scout, y poder conocer como funcionan allí.

Otra cosa que me encantó fue la comida: realmente tampoco se aleja tanto de lo que comemos nosotros, pero especialmente los dulces (y eso que yo no soy muy golosa) se han convertido en una perdición.

Una de las mejores cosas que tiene el campo es compartir todas estas actividades con los palestinos. De esta manera, no vives el conflicto y la ocupación desde fuera, sino que acabas encariñándote tanto de la gente y queriendo a esas personas, que acaban por convertirse en tus hermanos. Al final vives con ellos el conflicto: si ellos sufren, nosotros sufrimos; es decir, ahora que hemos vuelto a nuestras vidas, no es algo que ya haya quedado atrás y se nos olvide, sino que vivimos en contacto con ellos y con Palestina.

En definitiva, no ha sido un viaje de turismo cualquiera. Allí he conocido realmente el país, las personas, la cultura, las cosas buenas y las cosas malas, todo. Me ha servido para romper con prejuicios e ideas preconcebidas, para abrirme e incluso para conocerme  también a mí misma un poco más.”

 

  1. ¿Algún momento o momentos que tuvieran un significado para ti?

“Hubo varios momentos, pero quizás me quedo con tres de ellos.

Uno de los primeros fue en la primera misa en el valle de Cremisán, no sé si por lo que dijo cura, por el momento o por el lugar, que cuando estás allí te das cuenta de lo especial que es y el encanto que tiene; además, haber podido dejar nuestro granito de arena recogiendo basura en una parte del valle, para mí fue muy especial.

Otro de los momentos más importantes para mí, y probablemente uno en los que más sufrí, fue a la vuelta de Hebrón: había sido un día duro, y en el momento en el que nos juntamos todo el grupo, españoles y palestinos, para poner en común lo vivido ese día; al escuchar a una de las chicas palestinas, se me partió el corazón.

Y el tercer momento, en Jericó, la ciudad de la que me quedé enamorada por el desierto, fue por la tarde: solo un grupo subimos al Monte de las Tentaciones y vimos allí el atardecer. Hacía mucho tiempo que no sentía tanta paz como en aquel sitio. Y lo que daría por volver.”

 

  1. ¿En qué fue diferente esta experiencia a tus expectativas?

“Allí me llevé muchas sorpresas. Me encontré cosas que no me esperaba, cosas buenas y cosas malas; incluso había veces que aunque supiese que había situaciones de injusticia que se daban porque lo había leído, visto en las noticias o porque me lo habían contado, una vez allí, cuando lo veía con mis propios ojos o cuando lo sentía, es como si me llevase el golpe igual. No es lo mismo verlo desde la tele, que parece que todo está muy lejos de nuestra realidad, que luego vivirlo de verdad; me di cuenta de que no nos quedaba tan lejos y que no somos tan distintos.

Algo que también me ha sorprendido, ya no tanto del conflicto, sino del campo de trabajo, es que yo buscaba un tipo de voluntariado internacional y la oportunidad que se me presentó fue otra distinta. Cuando pensaba en irme, buscaba algo en lo que yo pudiese participar más activamente. Allí tuvimos muchas actividades como las que os he contado: limpiar, recoger basura, pintar el muro… Pero también muchas otras mucho más pasivas, de escuchar y preguntar. Y estando allí muchas veces pensaba que yo no estaba hecha para eso, que yo necesitaba ayudar de otra manera y no me sentía muy útil; al contrario, me sentía culpable por no poder hacer más.

Y ha sido al volver a España cuando me he dado cuenta de la importancia de todo lo que he vivido. He aprendido la importancia de escuchar los testimonios de todas es