Haciendo servicio en La Casita

El otro día estuvimos hablando sobre los proyectos que están llevando a cabo las diferentes secciones. Nos supo a poco.

Además, el equipo de comunicación queríamos contar más con los chavales en nuestras entradas. Por ello, les hemos pedido que nos escriban sobre lo que están viviendo. En este caso, los troperos de la Mafeking, aprovechando que han llevado a cabo sus misiones. ¿No sabes qué son? Esther nos lo cuenta y nos explica cuál es la que su patrulla prepararon:

Las misiones son unas actividades que proponemos toda la tropa para hacer un servicio hacia los demás.

Los halcones decidido hacer un voluntariado en la Casita para, de alguna manera, agradecer y ayudar en ella, puesto que ellos han hecho muchas cosas por nosotros durante muchos años.

Nosotros los pasamos muy bien realizando las diferentes tareas que nos repartimos para hacer: entre ellas se encontraban por ejemplo recoger ramas del suelo, puesto que había nevado y estaba todo lleno; pintar algunas vallas y puertas de la zonas de los animales, barrer partes de la Casita… Tuvimos la suerte de que nos ayudó la tropa Impeesa porque  había mucho que hacer y nos vino bien la ayuda.

Para organizarlo todo, primero tuvimos que llamar a Manolo para contarle todo lo que teníamos previsto y que nos dijera fechas; tras decidir una fecha y confirmar las personas que iban, volvimos a contactar con él para comunicarle todo y finalmente ir.

El valor más fundamental que aprendimos supongo que fue el trabajar en equipo para conseguir un mejor resultado y mas rápido.

Efectivamente, las misiones son actividades y proyectos con la mirada puesta en nuestro alrededor, con el objetivo de conocerlo y quizá actuar en él. Son la mejor forma para los chavales de descubrir lo que hay más allá de sus deportes y amigos, aunque quizá esté a pocos metros de su casa (ya sea una residencia de ancianos, una sede de Cáritas o una protectora de animales).

Clara, otra tropera, nos contaba en relación a este servicio que:

“Ayudamos a los trabajadores de La Casita, facilitándoles el trabajo que tenían que hacer, porque entre treinta personas lo hicimos más rápido que entre las pocas personas que son allí, y así nos pusimos en su piel y nos dimos cuenta del esfuerzo que tienen que hacer para que cuando vayamos esté decente.”

En las próximas entradas, los chavales os irán contando qué ámbitos han decidido explorar este año, y qué tal les ha ido. Por lo pronto, queremos agradecer una vez más a la Casita, a Javier y a Manolo su disponibilidad y confort, lo que hace que para muchos de nosotros, ese hogar sea nuestra segunda casa, a la que le tenemos mucho cariño. En ella, hemos vivido momentos que no olvidaremos nunca.

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