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Vivir la Eucaristía PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 04 de abril de 2007

Como todos los años, Javier Olaso, el consiliario del Grupo Scout, nos ha escrito una carta con motivo de la Pascua de este año 2007. Dice así:

Hermano: una vez más el Señor nos congrega para celebrar la Pascua.

La cruz nos dispersó porque nos demostró nuestro pecado, pero ahora el Señor nos vuelve a reunir. Dado que este año el objetivo pastoral de nuestra Diócesis de Albacete es “Vivir de la Eucaristía” he pensado escribir esta carta en clave de Eucaristía, para que podamos sentirnos Iglesia.

                Hermano: El paso de Yahvé pone siempre en movimiento. Nos encontramos en una sociedad en la que parece que llegar es “sentarse”. Por eso el paso de una mentalidad de sentados a una dinámica pascual supone un proceso de cambio en nuestra mentalidad y nuestra actitud.

En el pueblo de Israel la aparición de Dios pone al pueblo en movimiento, en camino, la existencia se pone en marcha.

El pueblo descubre a un Dios vivo que “aparece”, que “se ve”. Las esclavitudes se rompen, se abren caminos en el mar y en el desierto; Dios aparece y la vida tiene sentido, se abre un horizonte para el pueblo delante de él y surge la felicidad. Por eso cuando aparece Dios la eternidad entra dentro del tiempo y todo tiene sentido. El pueblo exulta ante la aparición de Dios.

La Eucaristía es eminentemente una exultación, una respuesta a la intervención de Dios. La primitiva Iglesia ve en la historia de su pueblo la mano poderosa de Dios, en los acontecimientos que ha vivido, y por último, ve en Jesucristo la máxima manifestación de ese Dios que ha permitido que su Hijo entrase en la muerte para brillar en la Resurrección y así, hacernos partícipes de una vida nueva. Jesús es el camino que Dios ha abierto en la muerte para llevarnos a la vida, es la eternidad en la historia. Por eso lo primero que hace la Iglesia primitiva es cantar, proclamar su fe, exaltar, celebrar la Eucaristía.

Hermano: ¿quiénes pueden en verdad celebrar la pascua? Acudamos a un texto muy antiguo con palabras de hoy.

Si aquí hay alguno esta noche que está amargado, hecho polvo porque no aguanta a su mujer, porque tiene pecados que no puede quitarse de encima, porque no se lleva bien con mucha gente, porque es un neurótico, porque no gana lo suficiente, por lo que sea, ¡que venga con nosotros a hacer Pascua! ¡que venga con nosotros a pasar a la libertad!”.

Y, ¿qué es lo que le va a hacer pasar? ¡la palabra que encierra todos estos acontecimientos que esa noche se hace presente!; que Dios es amor. Esa palabra salva a los que están presentes porque les dice: ¡ánimo, no os abandonéis! ¿no veis como Dios ha roto todas las muertes? ¿Por qué no voy a ser fuerte para sacarte de esa muerte concreta en la que estas metido, que te oprime hasta el extremo de esclavizarte y dudar de Mí? Esta Palabra nos dice: ¡Confiad en Dios! ¡Abandonaos a Él!.

¿Pero cual es el pecado de Israel y el nuestro? Que ante el acontecimiento de muerte renegamos de Dios, nos olvidamos de él, intentamos salvarnos por nuestra cuenta. Por el miedo que tenemos a la muerte, nos refugiamos en los ídolos y abandonamos a Dios.

Esta Palabra que se proclama dice que Dios es aquel que rompe la muerte, que abre caminos de vida en la muerte, que Dios ha roto la esclavitud abriendo caminos de libertad en la historia. Pero, ¿Qué nos pasa?, lo mismo que a Israel: la celebración de la Pascua perfecta, todo muy bonito: Dios es amor y nos salva. ¡Es verdad! O ¡qué estupendo!. Pero cuando vuelves a tu realidad y las cosas no te salen como quieres reniegas de Dios y blasfemas.

¿Qué es lo que nos hace negar que Dios existe?: ¡el sufrimiento y la muerte!. Si Dios es tan bueno, ¿porque permite la guerra, el hombre, el cáncer, los desastres, etc...?. El sufrimiento y la muerte contestan a Dios: dicen que no existe ningún Dios, Dios no es amor. La cruz se convierte así en un escándalo para el mundo.

Hermano: recordemos a San Juan “sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida en que amamos a nuestros hermanos”

La garantía de la vida eterna es el Espíritu Santo. Quien no tiene Espíritu Santo no puede hacer Eucaristía, quien no ha visto en su vida las obras de Dios no puede exaltar y bendecir a Dios en Eucaristía. ¿Cómo puede dar gracias a Dios el que está destrozado, no se acepta a sí mismo y se siente esclavo de 1000 vicios?.

Nosotros necesitamos seguridades físicas, sólo nos interesa un Dios que esté a nuestro servicio, que nos dé la felicidad que nosotros queremos y ahora mismo. Queremos entender muy bien todo con nuestra razón, ninguno nos abandonamos al plan de Dios. Sólo hay uno que ha cumplido la Pascua: Jesucristo. Él es el único en asumir la Pascua, él es la Pascua hecha carne y en Él se nos entrega gratuitamente la Pascua cumplida.

Esto, hermano, es la Eucaristía, la exultación, alegría, fiesta de que Cristo ha vencido a la muerte y nos reúne en asamblea de hermanos para exaltar en comunión por la fuerza del Espíritu.

Hermano: la gran revelación de Jesucristo es que Dios es amor, que aunque matásemos a su hijo, Dios nos seguía queriendo. Es el mundo el que necesita descubrir el amor de Dios. Cristo no tiene que aplacar a Dios de nada, sino que tenía que demostrar a los hombres que Dios nos ama a pesar de nuestros pecados.

Termino esta carta invitándote a exaltar en la única asamblea eucarística: La Vigilia Pacual, que se prolonga cada domingo para dar vida al mundo.

Yo he venido al mundo a que

tengáis vida, y la tengáis en abundancia

(Evangelio de San Juan)

Javier Olaso

 
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